El futuro de las ciudades del siglo XXI
6 abril 2009
Las ciudades del mundo han crecido a un ritmo vertiginoso durante el último siglo, esto puede provocar cambios en el concepto actual de ciudad.
La estructura urbanística mudó notablemente del tradicional asentamiento humano que se remonta a los comienzos de la civilización.
Las expresiones de ciudad se ordenan en: polis, metrópolis, megalópolis y conurbación. Constituyendo una serie regional y una red regional, como formas emergentes posibles.
Los estudiosos del tema aseguran que la descripción adecuada de ciudad, debe incluir además de la estructura, el proceso, el estadio de desarrollo, la finalidad, pero además incluirán características identificatorias del trazado y el simbolismo arquitectónico.
Se descarta la definición de ciudad que afirma que las ciudades surgieron de la extensión de los asentamientos humanos. Y también, aquella que sostiene que los cruces de rutas comerciales y las industrias especializadas, originaron la ciudad, por conveniencia económica.
Las pruebas indican que las ciudades primitivas surgían como centros de poder real o sacerdotal. Las especificaciones técnicas, económicas y sociales, han cambiado sustancialmente desde entonces.
Por tanto, las ciudades del siglo XXI, han cambiado sustancialmente y dejaron de ser seguras. La vida en las ciudades es despersonalizada y compleja. El concepto de ciudad no es estático sino que se modifica constantemente.
Al principio, las murallas eran imprescindibles para la protección del enemigo. Posteriormente aparecieron deimitaciones geográficas que evitaban el crecimiento desmedido. Luego se establecieron los estados y países, para controlar el flujo de población.
Los modelos de ciudades futuras, deberán asegurar a los habitantes, la seguridad personal para trasladarse en sus actividades cotidianas.
Cómo serán las ciudades del siglo XXI:
La concepción de globalización que rompe las fronteras nacionales, gracias a la comunicación satelital, traen nuevas preocupaciones para ajustar el concepto de las ciudades del siglo XXI. La ciudad está ahora ligada a la idea de aldea global, perdiendo así la definición, el carácter de delimitación geográfica.
Estas ciudades constituyen concentraciones de masas descontroladas, que el Estado no puede encausar por los métodos tradicionales. Esto lleva a un deterioro del relacionamiento entre humanos y con el entorno.
Los teóricos proponen un nuevo modelo que sustituye las grandes ciudades por un sistema más complejo, capaz de una mayor difusión. Algunos integracionistas proponen un modelo jerárquico de orden urbano, que contenga órganos y unidades celulares de tamaño reducido, organizado en serie ascendente.
Los especialistas opinan que las unidades urbanas individuales modernas, limitarán su tamaño. Las ciudades individuales, contarán con la organización que evite el desorden y el despilfarro.
Estas nuevas ciudades variarán su tamaño enter 30.000 y 300.000 habitantes, formando parte de una red regional que conforma una red regional, cuya población alcanzará a 10 millones de habitantes. Pero estas redes, poseerán unidades más pequeñas, para cubrir las necesidades rurales y de vida salvaje. Esta propuesta genera un nuevo conglomerado social.

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Hay (3) comentarios:
Barduk
9 de abril de 2010
Buenas, me gustaria saber de donde has cojido esa imagen y si esta libre de derechos, para poder utilizarla en un trabajo que estoy haciendo, esque necesito justo esa imagen. Saludos.
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Francisco Z. Lantos
10 de abril de 2011
LA CIUDAD COMO PROBLEMA, HOY DEBE ENFOCARSE DESDE DOS PUNTOS
DE VISTA
El primero, y aparentemente el más lógico, es examinar los problemas de nuestras ciudades existentes con el fin de mejorar la vida de los ciudadanos de ellas. Este enfoque pragmático que afecta nuestra propia vida, y que exige soluciones inmediatas como respuesta a los comportamientos, actividades y demandas de nuestra saciedad, tanto a un nivel socio-económico como de recreo-cultural, en cualquier caso tiene que existir, ya que esto lo exige la dinámica de la vida misma. Y si hubiéramos vivido en la época de Renacimiento, cuando el hombre logro establecer el justo equilibrio entre su parte espiritual e instintiva y por ello obtener su perfecta naturaleza humana y la posibilidad de vibrar al unísono con las Leyes de la Naturaleza y no oponerse así con sus actividades y comportamiento a ellas, entonces bastaría este enfoque pragmático, siendo suficiente atenerse a sus necesidades espontáneas, ya que éstas serían justas.
Sin embargo, el hombre de nuestra sociedad, debido a su materialista “filosofía del mundo y de la vida”, ha perdido este equilibrio indispensable para el perfecto funcionamiento de su naturaleza humana y como consecuencia sus ideas sobre mundo y la vida, así como sus correspondientes jerarquías de valores, son falsas por lo que y sin saberlo, sus comportamientos y actividades no se ajustan al perfecto funcionamiento del Universo en el que él con su existencia forma parte integrante.
En este estado del hombre, su instinto perturbado con su conocimiento fragmentario, pierde el sentir la unión inesperable de su existencia con la EXISTENCIA UNIVERSAL, y al mismo tiempo la influencia de este instinto deformado sobre su inteligencia, deforma aquella y quita la posibilidad de conocer la Verdad.
Según esta teoría, que es un hecho demostrado, el conocimiento en esta época, que en nuestro caso, sólo tendría un valor relativo de de tipo cultural e informativo, que aunque en algunos aspectos aporta algo en aliviar nuestra vida, estaría muy lejos del conocimiento real, que resolverá nuestros problemas y garantizara el desarrollo de nuestra vida en plenitud y en armonía con el resto de las vidas de otros seres animados ene. Mundo.
De este hecho se deduce que la causa de todos los males que actualmente padecemos, es principalmente la desequilibrada naturaleza del hombre, y la solución para anular estos males es el restablecimiento del equilibrio entre su naturaleza Instintiva y Espiritual y su sentir y saber coinciden y confluyen a través de su Intuición, que le guía en sus comportamientos y actividades, y garantiza su adaptación al orden y armonía del Universo.
Valorando así nuestra situación actual, me parece insuficiente tratar los problemas de nuestras ciudades desde el punto de vista pragmático, ya que esto seria intentar curar las erupciones de una enfermedad infecciosa con pomadas, sin anular antes su causa, la infección.
Para evitar caer en este error, y tomando en consideración solamente el más grave de pos males, la desenfrenada expansión demográfica, que con nuestro erróneo comportamiento hemos creado y causado, sentía la necesidad imperiosa de enfocar el problema de la ciudad desde un punto de vista más amplio y profundo, relacionado con la Verdad, extendiendo nuestro campo de examen hasta el origen y funcionamiento de la EXISTENCIA UNIVERSAL, y nuestra relación y papel dentro de ella, lo que pretende reflejar la materia de mi exposición y las soluciones arquitectónicas y urbanísticas de mis proyectos.
Madrid 27 de Julio 2009
Ferenc Z. Lantos
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Francisco Z. Lantos
8 de noviembre de 2011
¿POR QUÉ SE HAN DESHUMANIZADO NUESTROS ASENTAMIENTOS HUMANOS Y CUAL SERÁ SU FUTURO SI CONTINUAMOS CONSTRUYÉNDOLOS SEGÚN NUESTROS PRINCIPIOS Y CRITERIOS SOBRE LA VIDA Y ARQUITECTURA?
Como en la práctica no se suele ni se presenta ocasión para proyectar asentamientos humanos enteros (ciudades y poblados) la arquitectura y el urbanismo, que son los dos principales factores en la proyección de una ciudad y que deberían tratarse simultáneamente, se desvinculaban, dejando el desarrollo de las mismas a las posteriores necesidades y demandas económicas y socio-culturales de cada caso.
Esta práctica, que mientras existía una “filosofía del mundo y de la vida” acertada y compartida por las sociedades, y la población del mundo no excedía de 800 millones de habitantes y el crecimiento de las ciudades era lento, no perjudicaba el justo desarrollo de las mismas, al contrario, existía el tiempo necesario para estudiar en detalle los problemas y posibilidades y adaptar nuevas soluciones al ambiente existente, obteniendo así mejores resultados.
Sin embargo, manteniendo esta costumbre rutinaria y arraigada en la mente de los profesionales y en el público en general también, después del anormal y desenfrenado crecimiento de la población del mundo que empezó con la Revolución Industrial alrededor del año 1800, que en estos 200 años ha llegado a la cifra de 6.000 millones de habitantes, que conjuntamente con la fiebre de migraciones desde las zonas rurales hacia los grandes núcleos urbanos, ha cambiado la situación drásticamente, al no darse cuenta de este cambio y de la necesidad de buscar la causa de esta anormalidad y su correspondiente tratamiento, hoy, casi sin darnos cuenta de ello, nuestras ciudades y poblados, que hasta la Revolución Industrial estaban dentro de una escala humana, todas definidas en su tamaño, ordenadas en su estructura, funcionales en su uso y expresaban su contenido de forma bella y en armoniosa relación con su medio ambiente, casi todas han perdido sus valores arquitectónicos y humanos, convirtiéndose en indefinidas y caóticas aglomeraciones, entre las que encontramos ya treinta Metro y Megaciudades entre 6-15 millones de habitantes, pero que según las estimaciones estadísticas de la dinámica de la población urbana de las Naciones Unidas, este crecimiento de aglomeración urbana, si seguimos pasivamente las tendencias y exigencias del hombre contemporáneo de nuestras sociedades excesivamente materialistas, el desastroso y deshumanizado desarrollo de nuestros asentamientos humanos seguirán creciendo, llegando para el año 2015 a tener ya treinta ciudades entre 10-28 millones de habitantes.
Admitiendo que en principio, hasta que no se mostraron los efectos negativos y males de esta práctica rutinaria, no era tan fácil de descubrir los erróneos criterios en los que se basaron las teorías y prácticas de la arquitectura y el urbanismo de nuestras ciudades, pero lo que no es perdonable es que desde la “Carta de Atenas” del C.I.A.M., en la que en el año 1933 Le Corbusier y sus colaboradores han apuntado el peligro de este cambio y han presentado la solución justa y necesitada para evitarla, ésta no se puso en práctica y peor aún, justificado por nuestros negativos resultados en estos 66 años sus teorías, aún estamos resistiéndonos a cambiar nuestra errónea política y criterios urbanísticos, estar condenados con esta actitud cómoda e irresponsable a contemplar impotentemente como se convierten nuestros asentamientos humanos en monstruosos laberintos y deshumanizadas conurbaciones, en las que reinan el caos, ruido, contaminaciones, fealdades, inseguridad ciudadana, violencia y todo tipo de vicios, haciendo en ellas ya la vida insoportable.
Ahora bien, como la verdadera causa de todos nuestros males es el desequilibrado estado de nuestra naturaleza psico-somática, la desenfrenada y antinatural expansión demográfica, el anormal crecimiento del consumo de energía y la fiebre migratoria desde las zonas rurales hacia las zonas urbanas, los tres factores que afectan directamente al desarrollo de nuestros asentamientos humanos, no son más que las consecuencias de esta causa, y al no relacionar estos cambios con el problema del desarrollo de las ciudades e intentar resolverlas conjuntamente, esto se resolverá por la Naturaleza cuando los daños que causamos por nuestro erróneo comportamiento y actividades llegarán al límite que hará peligrar su perfecto y armonioso desarrollo y funcionamiento, que es una necesidad indispensable para que cada uno de sus componentes, las distintas especies de flora y fauna de nuestro planeta podrían desarrollar sus vidas en plenitud y obtener su bienestar.
Empero, como este cambio, de tipo revolutivo, sólo podría realizarse a través de grandes destrucciones, los pocos que sobrevivirían a esta catástrofe planetaria se encontrarían en estas monstruosas y fantasmales Megaciudades, vacías y abandonadas, de las que intentarán escapar sin ninguna posibilidad de encontrar ciudades capaces de satisfacer y fomentar las justas necesidades intrínsecamente exigidas por nuestra naturaleza psico-somática.
Evitar esta catástrofe, pienso que en la situación en la que nos encontramos, sólo podemos disminuir sus efectos negativos y preparar un camino próspero y prometedor, que nos llevará a las soluciones necesitadas por nuestra naturaleza especial humana, y exigida por las Leyes de la Naturaleza.
Para lograr este propósito, sabiendo que nuestra naturaleza especial humana sólo puede desarrollar su vida en plenitud en un ambiente orgánico, lo que en asentamientos humanos significa ciudades definidas en su tamaño, ordenadas en su estructura, funcionales en su sistema del uso, y expresivas de su contenido y bellas en su forma, requisitos que sólo ciudades por debajo de un millón de habitantes podrían satisfacer, tendríamos que evitar a toda costa el crecimiento y la formación de nuestras ciudades por encima de estas medidas.
Este objetivo se logrará promoviendo el crecimiento de las medianas y pequeñas ciudades comarcales y poblados rurales, rehabilitándolas y completándolas con nuevas construcciones, para que se conviertan en nuevos focos de atracción, frenando así las migraciones desde estas zonas hacia las grandes Megaciudades, logrando con ello, no sólo sus indeseables crecimientos, sino sus ordenadas disminuciones que mejorarían algo la calidad de vida en ellas.
Además de esta intervención urbanística, en la parte de nuestro planeta donde de duplicarse la población en los próximos 50 años y el volumen de nuevas construcciones tendría que ser mayor que la que existe allí actualmente, en esta parte, tendríamos que construir nuevas ciudades enteras de distintos tamaños por debajo de un millón de habitantes basadas estrictamente en las justas necesidades de nuestra naturaleza psico-somática.
Tomando en consideración que estas ciudades, construidas en terrenos rústicos y libres de todo tipo de restricciones y especulaciones, serían muchísimo más baratas que el mismo volumen de construcciones realizados dentro o en el ensanche de una ciudad existente, lo que practicamos hoy es suficiente prueba que esto no sólo es defendible, sino que, si consideramos las grandes posibilidades arquitectónicas y humanísticas que con estas libertades podemos obtenerlas, es la solución que tenemos que hacer.
Contando con la gran influencia de las ciudades en la formación de las mentalidades de sus habitantes, si estas ciudades reflejarán la justa “filosofía del mundo y de la vida” de sus creadores, éstas cumplirán el papel de divulgar, de manera natural, esta filosofía y prepararán el camino hacia el cambio y el restablecimiento del justo equilibrio perdido de nuestra naturaleza psico-somática, que era la causa de todos nuestros innumerables y entrelazados males y contradicciones.
Si el tiempo no nos permitirá realizar este cambio evolutivo y deseable y nos vence el cambio revolucionario, esta política y criterio, al menos, frenará el indeseable crecimiento de nuestras deshumanizadas Megaciudades y nos daría ciudades y poblados orgánicas de escala humana, en las que podrían vivir en paz y alegría gran parte de la población del mundo, antes y después de la catástrofe.
Madrid, 24 de Febrero de 2010
Francisco Z. Lantos
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